PSICOLOGÍA: Adiós al jefe, bienvenido el líder

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El “jefe” ha perdido su vigencia, su sentido. Se precisan “líderes” que convenzan e  influyan en sus colaboradores. Personas exigentes y auotexigentes, empáticas y dialogantes, que sepan ilusionar, seducir o convencer. En definitiva, se precisan personas que obtengan la autoridad moral, por encima del poder inherente al rango.

“Mandar” es un estilo de dirección anticuado, anacrónico y rancio. El jefe trata de acumular poder y se muestra desconfiado, temperamental, receloso y beligerante con quienes discrepan de él y con sus posibles contrincantes, a quienes puede llegar a odiar. El jefe habla y el subordinado escucha. El jefe manda estar unidos y que le sigan y el subordinado trata de aparentarlo para no llevarle la contraria, atendiendo a la obediencia debida. El jefe nunca se equivoca y siempre encuentra excusas ante el error o el fracaso, se apropia del éxito y responsabiliza del fracaso a los demás. El jefe tiene poder pero no necesariamente la autoridad que identifica al líder. Ni siquiera una excelente cuenta de resultados justifica que el jefe mantenga en tensión a toda la organización. Los métodos coercitivos o punitivos solo son eficaces a corto plazo, pero deterioran el clima de trabajo, complican las relaciones personales en el grupo, dificultan la cohesión interna, inhiben progresivamente el esfuerzo y deterioran la imagen de la organización.

“Ni siquiera obtener una excelente cuenta de resultados justifica que el jefe mantenga en tensión a toda la organización”

Dirigir de forma efectiva resulta más difícil que nunca. La sociedad ha cambiado, afortunadamente, y nadie admite el trato irrespetuoso o humillante. Son actitudes que recuerdan lo más oscuro de nuestro reciente pasado. El jefe dirige o gestiona personas desde sus vísceras, sin método, guiado por sus propias emociones. Cuando alcanza el éxito,  muy a pesar de su estilo directivo, éste parece validarse y reforzarse. Entonces los modos cuestionables se van perpetuando y el despotismo parece tener justificación. El jefe suele ser una persona superada por su propio personaje. Nadie se atreve a decirle que está equivocado porque sería su sentencia. Estás conmigo o contra mí. Los colaboradores se convierten en aduladores y los subordinados en soldados que obedecen porque saben que la discrepancia será vivida por el jefe como una traición. En ocasiones ni siquiera el patrón o los dueños de la organización se atreven a llevarle la contraria al “jefe” que ellos mismos pusieron al frente en su gestión, bien por el éxito momentáneo en la cuenta de resultados, bien por el poder que ha ido acumulando y lo complicado que sería sus sustitución, bien por sentirse hipotecados ante un contrato blindado… Hasta llegar a invertirse los roles como en la película “El Sirviente” de Joseph Losey, de forma que los patronos acaban en manos del jefe.

El jefe es egocéntrico, por lo que considera sus opiniones como “la” verdad, no “su” verdad. Su punto de vista es la referencia o medida de todas las cosas. Siente que es el centro de todas las miradas e interpreta que se le tiene envidia por su éxito o poder. No entiende que su arrogancia y sus enfados van estableciendo una barrera y provocan el desafecto general.

“El jefe tiene poder pero no necesariamente la autoridad que identifica al líder”

Nadie discute que Mourinho sea un jefe exitoso. Sin duda tiene muchos recursos que le capacitan como un excelente entrenador. También es cierto que suele gestionar plantillas de un enorme potencial deportivo. Pero su éxito deportivo no justifica la manera que tiene de dirigir al equipo y de relacionarse con su entorno, ni servir de de coartada a su aparente escasa psicología.

No es cierto que Mourinho proteja al equipo desde su comportamiento público. Se suele mostrar distante, muchas veces crispado o enfadado, siempre a la defensiva, poco generoso en el éxito, poco autocrítico en el fracaso, sin sentido del humor, e insatisfecho o  desagradecido a pesar de cómo le viene tratando la vida. No duda en alimentar polémicas, aunque sirvan como acicate para los rivales y despierten el interés, que no respeto, de los medios de comunicación. Mou ha calentado partidos importantes contribuyendo a que algunos de sus jugadores compitan excesivamente activados, no ha dudado en señalar con el dedo acusador a alguno de sus jugadores de forma pública, se apoya en jugadores “intocables” despreciando la aportación de otros cuya participación es nula o testimonial… Su comportamiento acaba sufriéndolo el equipo sobre el terreno de juego, el club con el menoscabo de su imagen, y su persona como modelo cuestionable en la educación de valores en los jóvenes futbolistas. Sin duda este tipo de “aportaciones” le afean como entrenador y le restan valor como profesional y persona.

“No es cierto que Mourinho proteja al equipo desde su comportamiento público”

Mourinho seguirá consiguiendo éxitos deportivos, pero posiblemente su recorrido seguirá siendo corto en un mismo proyecto. Necesita lograr la complicidad incondicional y mayoritaria de sus jugadores, aunque le obedezcan a pies juntillas, y quizás nunca llegue a alcanzar el bien más preciado, mayor aún que los títulos, el dinero o la fama, como es el reconocimiento, el prestigio, la admiración, y el cariño general.

Digamos adiós al “jefe” y demos la bienvenida al “líder”. Se precisan personas con carisma que transmitan su visión y convenzan, que ejerzan un efecto “evangelizador” desde su propia visión y que sepan gestionar las disidencias internas más desde un enfoque educativo que desde el autoritarismo. Se precisan entrenadores que lideren más allá del vestuario, que convenzan e ilusionen, no solo a jugadores sino a  directivos y al entorno. Los entrenadores españoles están siendo innovadores respecto a la dirección del equipo. Pep Guardiola y Vicente Del Bosque son los máximos referentes de una nueva forma de ejercer la dirección del equipo. Manolo Preciado supo en su día ilusionar a toda una afición en torno al equipo, de forma que se le quiso y se le respetó por encima de los resultados. Míchel también está en el lado de los que consideran la gestión del factor humano por encima del sistema de juego. El entrenador es un gestor de emociones individuales y colectivas. El “jefe” inteligente está tomando consciencia de la necesidad de renovar su manera de ejercer la dirección, de la necesidad de acercarse más al liderazgo. Posiblemente Mourinho esté comenzando a reconducir su estilo de dirección para no poner límites a su propio desarrollo profesional.

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Texto: José Carrascosa, piscólogo del deporte (twitter: @sabercompetir)
Foto: Agencia