CONEJO: “Mi portero perfecto mezclaría la presencia de Van der Sar con la técnica y agilidad de Abbondanzieri”

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Luis Gabelo Conejo deslumbró al mundo con Costa Rica en el Mundial de Italia de 1990, donde la selección “tica” logró llegar a octavos de final tras enfrentarse a Brasil, Escocia y Suecia. Conejo sólo encajó dos goles en el Mundial y fue elegido mejor portero de 1990 por la revista France Football. Eso le valió para aterrizar en Europa con 31 años, pero tres años le bastaron para hacer historia con el Albacete. Con el equipo manchego, logró el ascenso a Primera División y sus legendarias paradas le valieron el apodo de Conejo de la suerte.

Fue un ídolo en el Albacete pero ¿Echó de menos jugaro en un grande?
Claro que sí. Justamente era una de mis grandes ilusiones hacer cosas grandes con el Albacete y dar un paso más después. Evidentemente, todo se me complicó porque me identificaba mucho con el Albacete. Cuando ascendimos a Primera, tuve una oferta del Deportivo. Pero me había comprometido verbalmente a vivir con el Albacete el estreno en Primera división. Fue eso lo que me hizo seguir, además del cariño que uno le toma a un equipo y a los compañeros.

¿En qué equipo le hubiera gustado jugar?
En el Barcelona o Real Madrid. Además, soy un enamorado del fútbol español. También me identificaba mucho con Sevilla, porque soy amante de los toros y los caballos. Me encantaba esa ciudad. Lo que tengo claro es que si volviera hacía atrás y tuviera que elegir una liga europea, elegiría la española, sin lugar a dudas.

”Hicimos tres horas de autobús el día de un partido del Mundial”

Caprichos del destino, usted fue el descubridor de Keylor Navas, que debutó en España con el Albacete…
Sí, en Costa Rica mi trabajo consiste en reclutar muchachos y entrenarlos desde pequeños. A Keylor lo conozco desde muy niño, y tenía toda la ilusión en que despuntara. Tenía ese morbo de que fuera al Albacete y lo ascendiera a Primera división, como hice yo, pero desgraciadamente no pudo ser. Además el equipo bajó a Segunda B y él no pudo seguir, porque estaba a un nivel muy superior y tampoco le convenía al Albacete por motivos económicos.

¿Es parecido a usted?
Tenemos algunas características parecidas, pero hay que guardar las diferencias. Yo era un portero más de cualidades naturales. Tuve la oportunidad de recibir la ayuda de Luis Borghini, exportero uruguayo, que me ayudó muchísimo en mi formación, pero no tuve la formación tradicional de un arquero. Hoy en día todas las selecciones tienen a un entrenador de porteros que se dedica a realizar trabajos específicos con los arqueros.

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¿Admiraba o se fijaba en algún portero en particular?
Me gustaba ver los partidos y analizar el trabajo de cada portero, no de uno en especial. Tenía cierta admiración por Peter Schmeichel, pero me quedaba sólo con una parte. Para mí, el portero perfecto tendría la personalidad, presencia y liderazgo de Van der Sar, pero con la técnica y agilidad de Abbondanzieri.

Rezaba mucho antes de los partidos. ¿Qué pedía en sus oraciones?
Era un momento íntimo en el cual le pedía a Dios que me diera mucha serenidad, que me protegiera de las lesiones y que tampoco yo lastimara a nadie. No era de oraciones concretas o muy extensas, ni de nada en especial. Simplemente de pedir que todo transcurriera bien.

¿Qué recuerdos tiene de aquel gran Mundial de Italia 90 con Costa Rica?
Además del ambiente tan especial que se vive en un Mundial, recuerdo nuestra forma de trabajar. Eran horas y horas de trabajo. Llegábamos a las dos o tres de la madrugada tras  disputar un partido, y a las 9 de la mañana ya estábamos entrenando. Nos desplazábamos en autobús. En la actualidad cuando se quiere desarrollar un mejor nivel se cuida mucho la alimentación, los ejercicios, pero también los descansos. Pero en aquellos tiempos lo importante era el aspecto económico. Hoy en día se recuerda porque ahora se prioriza el aspecto deportivo, que al fin y al cabo genera lo que mejora el aspecto económico.
Pero a nosotros nos tocaba siempre el autobús. Por ejemplo, cuando jugamos en Genoa, salíamos de Mondovi, y desde allí teníamos que irnos a otra ciudad que estaba a 4 horas. Hicimos tres horas de autobús el día de un partido del Mundial. Hoy en día es el polo opuesto: te desplazas en aviones, te alojas en hoteles de primer nivel… Pero aprendimos a vivir el fútbol con más pasión. Recordamos la alegría de hacer las cosas bien, logrando el hito de pasar a la segunda fase.

Tras el Mundial de Italia, se cambió la normativa y los porteros ya no podían coger el balón con la mano un pase del defensa, pero eso no le afectó…
Tuve la suerte de iniciarme en el fútbol como extremo izquierdo. Después jugué de defensa central. Por eso una de mis cualidades era que sabía perfectamente jugar con los pies. Eso me dio mucha ventaja con el cambio de reglamento.

El último Mundial que disputó Costa Rica fue en 2006. ¿2014 es el gran objetivo?
Sin lugar a dudas. Nos quedamos a las puertas de disputar el Mundial de Sudáfrica tras un disputado repechaje contra Uruguay. Nuestro trabajo está enfocado hacía 2014. Es el gran objetivo.

Texto: Román Bellver
Fotos: Agencia EFE